BAJA AUTOESTIMA

¿Sabías que…?

Durante muchos años, la autoestima se ha considerado una pieza clave del bienestar psicológico. Sin embargo, en las últimas décadas la investigación ha puesto el foco en otro concepto: la autocompasión.

La autoestima se refiere a la valoración que hacemos de nosotras y nosotros mismos. El problema es que, con frecuencia, depende de factores cambiantes como nuestros logros, la opinión de otras personas, el aspecto físico o la imagen que proyectamos. Por ello, cuando atravesamos momentos difíciles, nuestra autoestima también puede verse afectada.

La autocompasión, por el contrario, consiste en tratarnos con la misma comprensión, amabilidad y cuidado que ofreceríamos a una persona querida cuando está sufriendo. No depende del éxito, del rendimiento ni de la comparación con otras personas, por lo que permanece disponible incluso en los momentos de mayor dificultad.

Lo que nos dice la ciencia

Las investigaciones de Kristin Neff y otros equipos especializados en autocompasión muestran que las personas con mayores niveles de autocompasión suelen presentar:

  • Mayor resiliencia emocional.
  • Menor ansiedad y autocrítica.
  • Mayor capacidad para afrontar errores y fracasos.
  • Relaciones personales más satisfactorias.
  • Menor ira reactiva.
  • Una visión más realista y equilibrada de sí mismas.

Además, la autocompasión se relaciona con una mayor sensación de conexión con otras personas y con una mejor capacidad para recuperarse tras experiencias vitales difíciles.

Un dato interesante

Muchas personas creen que la autocrítica es la mejor manera de motivarse. Sin embargo, los estudios muestran que una autocrítica excesiva suele asociarse a más estrés, miedo al fracaso y bloqueo emocional.

Por el contrario, las personas que se tratan con comprensión cuando cometen errores suelen mostrar una mayor capacidad para aprender de la experiencia y continuar avanzando hacia sus objetivos.

Autoestima y autocompasión no son lo mismo

El concepto que tenemos de nuestras capacidades y de nuestro potencial no depende únicamente de nuestra forma de ser. También está influido por nuestras experiencias, aprendizajes y relaciones a lo largo de la vida.

Por ello, una baja autoestima suele estar más relacionada con las creencias que tenemos sobre nosotras y nosotros mismos que con hechos objetivos. Estas creencias pueden modificarse, revisarse y transformarse.

La autocompasión ayuda precisamente a desarrollar una relación más amable y realista con una misma persona, favoreciendo la aceptación de aquello que no puede cambiarse y promoviendo acciones orientadas hacia aquello que sí puede cambiarse.

Como decía Kristin Neff…

«Ser amables con nosotros mismos no es un lujo egoísta. Es una de las herramientas más importantes para el bienestar psicológico, y la ciencia está empezando a demostrarlo.»

Quererse y valorarse cuando las cosas van bien suele resultar relativamente sencillo. El verdadero reto aparece cuando cometemos errores, nos sentimos vulnerables o las cosas no salen como esperábamos.

Aprender a tratarnos con comprensión en esos momentos no solo mejora nuestro bienestar emocional, sino que también nos ayuda a afrontar las dificultades con mayor flexibilidad y fortaleza.

La baja autoestima y la baja autocompasión pueden manifestarse mediante:

  • Estado de ánimo deprimido.
  • Evitación de relaciones sociales.
  • Bloqueo ante los conflictos.
  • Inseguridad en las relaciones de pareja.
  • Celos.
  • Dificultad para establecer nuevas amistades.
  • Bajo rendimiento académico.
  • Problemas laborales.
  • Dificultades sexuales.
  • Abandono de objetivos y proyectos personales.
  • Autoexigencia elevada.