DESREGULACIÓN EMOCIONAL

¿Sabías que…?

Todas las personas experimentamos emociones intensas en determinados momentos de nuestra vida. Sentir tristeza, enfado, miedo o frustración no significa tener un problema psicológico. En realidad, las emociones cumplen una función adaptativa: nos informan de lo que necesitamos y nos ayudan a responder a lo que ocurre a nuestro alrededor.

Sin embargo, algunas personas experimentan las emociones con una intensidad mucho mayor y tienen más dificultades para gestionarlas. A esto se le conoce como desregulación emocional.

¿Qué es la desregulación emocional?

La desregulación emocional aparece cuando, a pesar de hacer grandes esfuerzos, una persona tiene dificultades para comprender, modular o gestionar sus emociones y las conductas asociadas a ellas.

No se trata simplemente de sentir emociones intensas. También puede manifestarse mediante:

  • Impulsividad.
  • Dificultad para calmarse tras una discusión o un conflicto.
  • Bloqueos ante situaciones estresantes.
  • Rumiación constante o pensamientos repetitivos.
  • Sensación de estar desbordada emocionalmente.
  • Problemas para concentrarse o tomar decisiones cuando existe malestar emocional.

¿Por qué ocurre?

Según los modelos de las terapias contextuales y la Terapia Dialéctico-Conductual (DBT), la desregulación emocional suele estar relacionada con dos factores:

  • Una mayor vulnerabilidad emocional.
  • Estrategias poco eficaces para gestionar las emociones.

Las personas con una vulnerabilidad emocional elevada suelen ser más sensibles a determinados acontecimientos, reaccionar con mayor intensidad emocional y necesitar más tiempo para recuperar su equilibrio después de una situación estresante.

Un dato interesante

Las investigaciones muestran que las emociones intensas provocan cambios reales en nuestro organismo. Cuando estamos muy activadas o activados emocionalmente, disminuye nuestra capacidad para resolver problemas, planificar y tomar decisiones de forma reflexiva.

Por eso muchas personas dicen frases como:

«Sé lo que debería hacer, pero en ese momento no pude hacerlo.»

No suele ser una falta de voluntad. A menudo es una consecuencia del impacto que la activación emocional tiene sobre nuestro cerebro y nuestro cuerpo.

La buena noticia

La regulación emocional es una habilidad que puede aprenderse y entrenarse.

Regular las emociones no significa reprimirlas ni eliminarlas. Significa aprender a:

  • Comprender lo que sentimos.
  • Tolerar el malestar sin actuar impulsivamente.
  • Mantenernos conectadas y conectados con nuestros objetivos.
  • Recuperar la calma después de una situación difícil.
  • Generar experiencias emocionales positivas de forma consciente.

¿Cómo ayuda la terapia?

La regulación emocional puede realizarse de manera consciente o automática. En terapia trabajamos primero las habilidades de forma consciente, practicándolas en situaciones cotidianas.

Con el tiempo y la repetición, muchas de estas estrategias se vuelven más naturales y automáticas, del mismo modo que aprendemos otras habilidades en nuestra vida.

La investigación muestra que entrenar habilidades de regulación emocional puede reducir la impulsividad, mejorar las relaciones personales, aumentar el bienestar psicológico y ayudar a afrontar situaciones difíciles de forma más eficaz.