
CRISIS Y DUELO
¿Sabías que…?
La tristeza y el duelo son respuestas naturales ante una pérdida significativa. Aunque solemos asociar el duelo al fallecimiento de un ser querido, también puede aparecer tras una separación, la pérdida de la salud, cambios importantes en el proyecto vital o cualquier situación que suponga un antes y un después en nuestra vida.
Las investigaciones muestran que la mayoría de las personas consiguen adaptarse gradualmente a la pérdida. Sin embargo, entre un 8% y un 10% de los procesos de duelo pueden evolucionar hacia un duelo complicado, generando un sufrimiento intenso y persistente que interfiere de forma significativa en la vida cotidiana.
Además, muchas personas no solicitan ayuda psicológica hasta meses o incluso años después de la pérdida o del acontecimiento traumático. Con frecuencia, no es el evento en sí lo que lleva a pedir ayuda, sino las consecuencias que aparecen posteriormente: aislamiento, dificultades para retomar actividades, alteraciones del sueño, ansiedad o síntomas depresivos.
El duelo no consiste en olvidar
Contrariamente a lo que se suele pensar, superar un duelo no significa dejar de sentir tristeza ni olvidar a quien o aquello que hemos perdido. El objetivo es aprender a relacionarnos de una forma diferente con esa pérdida para poder seguir avanzando sin que el dolor ocupe todo nuestro espacio vital.
De hecho, la investigación psicológica muestra que expresar las emociones, mantener vínculos sociales de apoyo y dar sentido a la experiencia favorecen la adaptación y el bienestar a largo plazo.
Cuando el dolor deja de ser adaptativo
Sentir tristeza, llorar, necesitar más tiempo para una misma persona o tener momentos de bloqueo son reacciones habituales durante un proceso de duelo. El dolor forma parte del proceso de adaptación.
Sin embargo, cuando el sufrimiento sigue siendo tan intenso que impide trabajar, relacionarse, cuidar de una misma persona o disfrutar de la vida durante un periodo prolongado, puede ser útil contar con apoyo profesional.
Un dato interesante
Nuestro cerebro no distingue completamente entre una pérdida física y una pérdida emocional. Por eso, las áreas cerebrales relacionadas con el dolor emocional activan algunas de las mismas regiones que participan en la experiencia del dolor físico. Esta es una de las razones por las que expresiones como «me duele el corazón» o «siento un vacío en el pecho» describen sensaciones muy reales.
Buscar ayuda también forma parte del proceso
Pedir ayuda no significa que una persona sea débil o que esté afrontando mal su duelo. En muchas ocasiones, supone disponer de un espacio seguro para comprender lo que está ocurriendo, desarrollar nuevas estrategias de afrontamiento y adaptarse a una realidad que ha cambiado profundamente.